A TODO VOLUMEN - HISTORIAS DE TAPAS DEL ROCK ARGENTINO


SEBASTIAN RAMOS - MARCELO MORAN

1ra Edicion:2008
Editorial:Varias


Si el rock hecho en Argentina se destaca por sobre todas las demás formas que adoptó el rock’n’roll en Hispanoamérica, esa misma identidad se refleja en las tapas de esos discos. Ya desde el comienzo, artistas, ilustradores, fotógrafos, diseñadores y los mismos músicos se preocuparon por desplegar una identidad propia, signada por la ironía, las referencias y los guiños a la época y los avatares de este país tan extraño en el que les tocó componer y cantar.
Por eso, el reciente A todo volumen, del periodista Sebastián Ramos con colaboración de Marcelo Morán, recopila apenas un centenar de las historias detrás de esas tapas que –muchas veces dicen tanto como los discos que contenían.

Dicen que una imagen vale por mil palabras. Pero una imagen en la portada de un disco tiene un valor más preciso: vale por las ocho o diez canciones que contiene la placa. O al menos eso sucedía en las épocas de los vinilos, esos objetos incómodos para llevar, pero del tamaño exacto para sostener mientras sonaba la música en cuestión.
Y tan recordado sigue siendo, que el heroico A todo volumen, tal como reza su subtítulo, recorre algunas historias de las tapas del rock argentino, reproduce aquel tamaño. A tal punto, que no les importa a Ramos y Morán llevar casi de prepo las tapas de los compact elegidos a esa proporción, aunque la reproducción termine sufriendo un poco en el camino.
“Tuvimos cierta resistencia en un principio por parte del diseñador, pero lo convencimos”, confiesa con una sonrisa pícara Ramos, que terminó logrando un imposible, aún con ciertas imperfecciones a flor de piel: imaginar lo que sería toda una colección del rock argentino íntegramente en el formato que debe ser, aun en tiempos de la inminente desaparición de todo formato físico de semejante colección: el del vinilo.

Uno de los primeros logros de esta historia –que no es historia con mayúscula porque no pretende ordenarlas todas en una sola, sino apenas si recorre algunas historias de las tapas más curiosas, más originales o simplemente más recordables – es la de ponerle a cada tapa un nombre propio, y en ese mismo movimiento recuperar ciertos otros nombres del olvido. Porque, además de los nombres más famosos de ese curioso arte de ponerle tapa a un disco de rock – de Juan Gatti a Rocambole, digamos, por nombrar a dos de los más heroicos responsables del arte del vinilo al compact, y confesos preferidos de los autores –, Ramos y Morán desempolvan más de una autoría perdida, con el simple mecanismo de poner una tapa memorable en el centro de la escena, y hacer hablar a sus responsables. “Lo que más nos terminó costando fue averiguar los créditos de aquellos discos históricos, porque nadie sabía bien quién los había hecho”, confirma Ramos, que pone como ejemplo los dibujos de las tapas de Pappo’s Blues, o el detalle descubierto con paciencia de arqueólogo, sobre la verdadera autora de la foto de estudio del disco debut de Todos Tus Muertos, nominalmente obra de Andy Cherniavsky, pero en realidad a cargo de Hilda Lizarazu, su ayudante en aquel momento.

Fruto de un trabajo de poco menos de una década, A todo volumen comenzó como un juego, según les gusta decir a sus autores. “Nos colgábamos con Marcelo a escuchar música, y a redescubrir esas tapas”, recuerda Ramos. Si se le pide un punto de partida, termina mencionando un disco de Crucis, y uno de la Pesada del Rock. “El volumen tres, el de las calcomanías pegadas, que terminó fuera del libro”, precisa. Cada tapa devela una historia, y cada historia destapa algún personaje, como la fotógrafa Nora Lezano, o el artista Nessi Cohen, autor del arte de tapa de los discos de Don Cornelio. “Los primeros en descubrir cosas fuimos nosotros, porque yo no sabía la verdadera historia del luchador de sumo en la tapa del último disco del grupo de Luca, o pasé toda mi vida pensando que el dibujo en la portada del primer disco de Don Cornelio, uno de mis preferidos, era una figura femenina, y al hablar con Nessi descubrí que no se trataba de eso, sino de un pajarraco”.

Paso a paso, sin embargo, el juego de A todo volumen termina demostrando algo que apenas si destaca Rocambole en una mini entrevista incluida en el libro: que el rock local logró crear una estética propia. Eso que se escucha en la música, al compararla con la de otros países de habla hispana intentando hacer su propia versión del rock anglosajón, se percibe también en las tapas. “Desde el primer disco de Almendra, con una tapa dibujada por Spinetta, se plantea otra forma de darle gráfica al rock”, explica Rocambole. “En ese sentido el rock nacional ha tenido desde sus orígenes una línea de pensamiento, que insistía en acompañar con una gráfica en particular que, además, expresaba lo que pasaba musicalmente con la cultura joven y las rebeldías del momento.” Con referentes mínimos –como la tapa del primer disco de V8, por ejemplo– o máximos –las de Las Manos Santas van a Misa de Las manos de Filippi o Versus de Illya Kuryaki, cuyos librillos del CD están llenos de citas, todo tiene lugar en el caprichoso cambalache del rock nacional y del libro de Ramos y Morán, que apenas si se ordena detrás de un orden cronológico pero, como todo laberinto, sólo se sale de él por arriba, y desde ahí, claro, se puede ir recorriéndolo con conocimiento de causa.

“Es que nunca tuvimos la idea de que fuese un trabajo enciclopédico, es apenas una mirada”, se excusa Ramos. Y detrás de esa excusa se encolumnan todos los nombres redescubiertos en cada una de las historias reconstruidas. Y entonces la mirada de Ramos y Morán funciona como punto de partida, y todos los caminos llevan al centro. A un vinilo que siempre es difícil de llevar, sí, pero cuando comienza a girar –y a sonar– queda claro que tiene el tamaño justo. Para perderse en cada una de las imágenes. Y descubrir, página tras página, portada a portada, una historia más de esa hermosa leyenda – y también presente – de algo llamado Rock argentino.

Martín Pérez para Pagina 12


Alguna muestra:

Pescado Rabioso - Artaud
1973 Talent/Microfón
Diseño Juan Gatti/Luis Alberto Spinetta

No seas cuadrado. No seas cuadrado. No seas cuadrado. La tapa del disco Artaud no era cuadrada. ¿Por qué? Por tipos como Artaud. La portada era, sí, verde y con brillos amarillos. Y era informe, con cuatro puntas no aptas para las bateas de los ’70. La idea, consensuada con el propio Spinetta, fue de Juan Gatti, el artista responsable de varias de las mejores tapas de los primeros años del rock argentino. Es su obra maestra para toda una generación, y recordada como una de las joyas del diseño de portada de todos los tiempos. “En ese momento la hicimos con Luis Alberto y quedó como un delirio, porque realmente estábamos volados, pero no por las drogas, sino como en estado de permanente alucinación. Hicimos esa tapa que no entraba en ningún stand y las tiendas de discos nos querían matar porque no sabían cómo exhibirlo, la gente no lo podía guardar. Fue un objeto muy incómodo y movilizador para la época.”

Los Gatos - Rock de la mujer perdida
1970 RCA
Foto Oscar Bony

Rock de la mujer perdida se llamaba originalmente Rock de la mujer podrida, pero según el propio Nebbia “a la compañía discográfica le pareció muy agresivo y le cambié el título. En ese momento me pareció que estaba bien, que la esencia era la misma”. Sigue Litto: “En la portada queríamos una mujer que respondiera a la bohemia del personaje al que se refiere la letra de la canción... y encontramos a esta chica que laburaba en una boutique de la Galería del Este, sobre avenida Santa Fe”. La primera fotografía que vieron Ciro Fogliatta y Bony para la tapa fue de un banco de imágenes, en la que la modelo, según el tecladista, “era el triple de gorda y con una ropa de lencería negra espectacular. No se podían conseguir los derechos, pero nos propusimos mantener ese espíritu. Es una tapa muy loca, porque quedó esa historia dando vueltas que aseguraba que la mina de la foto era yo, vestido de mujer. A mucha gente, si le decías que era soy yo, le tirabas la moral abajo. Los argentinos somos supermitómanos y ese tipo de cosas nos encantan”.

Seru Giran - Grasa de las capitales
1979 Sazam Records
Foto Rubén Andon Arte Rodolfo Bozzolo

“La idea fue mía”, dice Charly García. “Estaba podrido de todas esas revistas tipo Gente, que eran tan caretas. Habíamos compuesto ese disco para ir al choque directamente. Las canciones eran más pesadas, más contestatarias. Había que salir de la grasa, de la mediocridad. Era una época en que el rock todavía estaba en contra de la música comercial: era nosotros contra el mundo. Y la revista Gente era el enemigo.” Cada uno eligió su personaje. Pedro Aznar, el oficinista nerd (“lo tomé prestado de una performance que hacía Miguel Zavaleta en su grupo Bubu”). David Lebón, el rugbier. Oscar Moro, el carnicero. Y García, el empleado de estación de servicio “con crítica a las petroleras que se llenan de dinero y manejan el mundo a su antojo”, remata Charly. Sí, en los ’80 también. El titular que aparece a la derecha de la tapa (“Descubrimos los dobles de Seru Giran”) también tiene destinatario: un comentario crítico escrito por el poeta y periodista Pipo Lernoud en el Expreso Imaginario sobre un show que Seru Giran ofreció en Obras. La frase incluida como titular también tiene su cuentito. Dice Charly: “Cuando estuve en Brasil, en la primera época de Seru, hubo toda una campaña en contra mío. Las notas eran del tipo: ‘Charly se olvidó de nosotros’. Hubo una que tituló con ‘Charly García, ¿ídolo o qué?’, y empapelaron la ciudad con el aviso de la revista... una grasada total”.

En las más de cien tapas revisadas se encuentran trabajos de Juan Gatti, Daniel Melgarejo, Oscar Bony, Luis Alberto Spinetta, José Luis Perotta, Martiniano Arce, Marcos López, Crist, Uberto Sagramoso, Caloi, Eduardo Marti, Renata Schuscheim, Federico Klemm, Rocambole, Mariano Galperín, Nessy Cohen, Andy Cherniavsky, Rubén Andón, Marcelo Gabriela, Charly García, Rubén Vázquez (Nebur) y Alejandro Ros, entre muchos otros.

TANGUITO, LA VERDADERA HISTORIA

VICTOR PINTOS

1ra Edición: 1993
Editorial: Planeta
2da Edición: 2013
Editorial: Victor Pintos Editora

José Alberto Iglesias, también conocido como Tanguito, Tango, Ramsés VII, Donovan, El Protestón o Susano Valdez, murió una madrugada de 1972, antes de cumplir los veintisiete años, aplastado por las ruedas de un tren, a unas cuadras de la estación Pacífico.
No tuvo dinero ni popularidad durante su corta vida.

Escribió un puñado de canciones, de las cuales sólo una llegó a ser realmente famosa: La Balsa, compuesta a medias con Litto Nebbia en el bar La Perla del Once. De las otras, sólo queda una precaria grabación aparecida después de su muerte, realizada cuando ya estaba semidestruido por las drogas y los electroshocks que le daban en el Borda, cuando ya había perdido gran parte de la magia que lo hizo legendario entre los primeros hippies y músicos de rock argentinos, y demasiado provocativo para la policía que lo persiguió implacablemente hasta encerrarlo en el manicomio.
Algunos aseguran que era un ser fuera de lo común; otros dicen que el mito supera largamente el moderado talento que tenía como músico. Todas las personas que lo conocieron bien aparecen en las páginas de este libro, cuya investigación demandó casi siete años de trabajo a Víctor Pintos.
Hoy, cuando Tango se ha convertido en un fenómeno de masas, este libro se vuelve imprescindible para conocer la verdadera historia de Tanguito, su lirismo, su locura y su autodestrucción, y cómo fueron en Buenos Aires aquellos años dorados e ingenuos del amor y la paz, de la revolución del sexo y el rock en una sociedad hipócrita y temerosa de los cambios que iban a ocurrir inevitablemente.


El autor de este libro, nos cuenta como y que lo llevó a escribir este libro.

Comencé esta investigación que reconstruye la vida de Tanguito en el verano de 1982, para una nota que publicó la revista Expreso Imaginario en el número de abril de ese año.
La retomé en 1987, cuando Marcelo Piñeyro me convocó para que hiciera un informe periodístico en el que pudiera basar el guión de una película con la que quería debutar como realizador.
Inmediatamente después de que entregara el material, Piñeyro y Juan Carlos Muñiz iniciaron la escritura de los primeros guiones de Tango feroz, cuya versión definitiva escribieron el director y Aída Bortnik. A medida que el proyecto de la película apuntaba cada vez más claramente a recrear la leyenda, y no la vida real de Tango, me fui convenciendo de que alguien tendría que escribir el libro con la verdadera historia. Por eso continué con mi acercamiento al personaje real que había generado el mito.
En el verano del 93, después de haber trabajado en la preproducción de Tango Feroz como asesor musical, me puse a ordenar los casi 200 reportajes con distintas personas que había hecho sobre Tanguito durante once años. Y, como en las novelas de espionaje, sobre esos tramos finales del trabajo surgieron los datos y los testimonios decisivos par rearmar fidedignamente la historia.
Por ejemplo, la aparición de Tango Bis, el personaje que nunca había aceptado hablar de su especial relación con Tanguito. O los datos sobre el Borda, que me facilitó uno de los médicos que dirigieron el servicio de drogadictos que existía allí en 1972. O los relatos de quienes compartieron con Tango sus últimos días de encierro en ese neuropsiquiátrico, y lo vieron escapar en la mañana del 19 de mayo.

Con los testimonios de medio centenar de informantes -familiares, amigos y conocidos-, y una completa carpeta de recortes, material diverso de archivo, registros de su paso por escuelas, comisarías, hospitales y cárceles, me puse a escribir el libro a comienzos del 93, mientras Piñeyro se moría de ansiedad porque había terminado su película y todavía no tenía fecha de estreno.

Descarté la narración novelada porque creí no tener la autoridad suficiente: mal podía ser el relator de su vida, si no lo conocí personalmente. Además, me resultaba llamativo cómo se contraponían algunos testimonios con otros, sencillamente porque la memoria no siempre registra de la misma forma lo vivido, y es lógico que cada cual tenga su propia versión de lo que pasó.

Debido a eso, opté por la fórmula más sencilla y a la vez más heterogénea de contar la historia: encadenar los testimonios y conservarlos tal como figuran en las cintas, con su intensidad y su aspereza coloquial, y sus coincidencias y disensos. De esa forma, creo, el lector podrá sentir que está compartiendo una mesa de un bar -¿La Perla de Once?- con la gente más cercana a Tanguito, y que esa gente se ha decidido a contarle su historia. Así también, creo, este libro se conecta con la esencia de esa leyenda, que como todas las leyendas se transmitió oralmente a través deltiempo, creciendo, variando, distorsionándose a veces en el camino.

Mi especial recuerdo para Miguel Abuelo, que fue uno de los primeros que me ayudaron a entrar en la historia de Tango. Miguel murió el 26 de marzo de 1988. Creo que le habría gustado ver concluido el trabajo.

Espero que este libro permita a muchos recuperar algo del espíritu de los sesenta, década que en Buenos Aires no terminó cuando el calendario lo indica, ni cuando el hombre llegó a la Luna, sino en 1972, cuando un tren mató a Tanguito.

Por último, siento que esta historia tendrá su versión definitiva cuando Pipo Lernoud, Moris o Javier Martínez se decidan escribir un libro. Deseo que este trabajo mío sirva para sobrellevar la espera.
(N. de la R.: Este libro se terminó de imprimir en Agosto de 1993. En Setiembre de 1993 salio el libro escrito por Pipo Lernoud, posteado mas abajo en este blog)
Víctor Pintos
San Telmo, fin del invierno de 1993

 20 años después Victor Pintos reedita el libro  con mas fotos  mas testimonios.

¿Y por qué decidiste reeditarlo haciendo una edición independiente?

-En principio, porque es posible. Y también por una cuestión ideológica.
Hoy uno cuenta con todas las vías de comunicación y distribución necesarias, gracias a Internet, y hay buenas imprentas en todos lados, por lo que tenemos la posibilidad de no depender de una gran empresa. Incluso se pueden hacer libros con el mejor papel y el mejor encuardernado, sin trasladar el precio al comprador. Y por sobre todo, creo que el crowdfunding es la vía más independiente de publicación de artículos culturales en estos tiempos: la edición no la hace una empresa, sino que la hacen los propios compradores del artículo.

El nuevo libro de Tanguito cambiará levemente el título original: ya no será Tanguito – La Verdadera Historia sino que se denominará Tanguito y los primeros años del rock argentino.
“Ahora, el libro dirá más fielmente, con su nombre, lo que presenta, porque además de recorrer la vida de Tanguito, cuenta el maravilloso nacimiento del rock de la Argentina. Ese tiempo de la segunda mitad de los 60 en el que unos muchachos –Moris, Javier Martínez, Litto Nebbia, Miguel Abuelo, el propio Tanguito, también Sandro- inventaron una nueva música y la dieron a conocer con sus guitarras en bares y plazas. Y en la Cueva de Pueyrredón”.

Estas palabras remiten a un dato fundamental que caracteriza este trabajo.
Porque en este libro, el relato lo construyen los protagonistas y testigos de la historia, con solo esporádicas intervenciones del autor.
Para conseguir eso, Pintos entrelazó 200 entrevistas realizadas a lo largo de 11 años.
“Mi primera incursión en la vida de Tanguito la hice en 1981, guiado por Miguel Abuelo, para una nota que fue tapa de la revista Expreso Imaginario. Después, a medida que me fui relacionando con los pioneros del rock, fui sumando testimonios. El trabajo lo retomé de lleno en 1987, cuando Marcelo Piñeyro me convocó para que hiciera un informe periodístico en el que pudiera basar el guión de una película con la que quería debutar como realizador.

Después de que entregara el material, Piñeyro y el periodista Juan Carlos Muñiz, compañero mío en la redacción de Humor, iniciaron la escritura de los primeros guiones de Tango Feroz, cuya versión definitiva firmaron el director y Aída Bortnik. Y a medida que el proyecto de la película apuntaba cada vez más claramente a recrear la leyenda, y no la vida real de Tango, me fui convenciendo de que tenía que existir el libro con la verdadera historia. Por eso continué con mi acercamiento al personaje real”.

El resto es historia conocida. Tango Feroz fue un bombazo comercial, Tanguito se convirtió no sólo en un fenómeno de masas, sino también en el gran héroe romántico de esos años de individualismo y neoliberalismo a ultranza, y el libro de Pintos fue un suceso de ventas.
Hasta que se agotó en las librerías y nunca fue reeditado. Hasta ahora, 20 años después.


TANGUITO Y LA CUEVA

PIPO LERNOUD
1ra Edición:1993
Editorial:Ediciones Prisma S.A.

Aquí se cuenta una aventura real.
Se describe una explosión generacional que cambió la música y la cultura argentinas.
De cómo un grupo de jóvenes inventaron nuevas palabras y nuevos sonidos para romper la dura costra de la sociedad argentina, el autoritarismo y la represión.
Una aventura que ha inspirado películas como Tango Feroz y de la cual nacieron canciones que están en el inconsciente colectivo.

El autor, Pipo Lernoud, escritor y periodista, formó parte del grupo de la Cueva, que inició el rock nacional.
Fue coprotagonista de las aventuras narradas en este libro, y las cuenta desde adentro.
A los veinte años compuso “La princesa dorada” junto con Tanguito, “Ayer nomás” junto con Moris y creó “Los Abuelos de la Nada” con Miguel Abuelo, escribiendo además sus primeras canciones. En la década del 70 fue fundador de la legendaria revista Expreso Imaginario.
En los 80 dirigió una revista muy popular dedicada al rock nacional: Cantarock.

Paralelamente se dedicó a la ecología agrícola compilando el único libro argentino sobre el tema: “Agricultura Orgánica”. Dedicado al periodismo y a la producción y distribución de alimentos sanos, vive parte del tiempo en su chacra orgánica en la Provincia de Buenos Aires.
A Pipo le gusta decir que pasa su vida “entre los cielos abiertos y el buen rock and roll”. “Tanguito y La Cueva” contiene historias de vida, anécdotas, reportajes y muchas de las canciones fundamentales para tocar en la guitarra.

TANGUITO

MARCELO GOBELLO
..El amor es mas fuerte.
1ra Edision: 1993
Editorial: Distal

Quién fue Tanguito?
Justamente a partir de-su trágica muerte, José Alberto Iglesias, tal era su nombre verdadero, falleció el 19 de mayo de 1972 atropellado por un tren y después de haber pasado la última etapa de su existencia en comisarías, cárceles y manicomios se edificó el mito de Tanguito, el primer mito del rock nacional.

Tanguito cantaba y componía rock en castellano (tres palabras que ahora suenan familiares pero que a finales de los sesenta sencillamente no existían) con una pasión extraordinaria.
Junto a otros pioneros - como Moris, Litto Nebbia, Javier Martínez y Miguel Abuelo, entre tantos - gestó un movimiento que ya está más cerca de los treinta que de los veinte.
La discografía oficial de Tanguito es breve, se reduce a una sola placa, editada un año después de su muerte pero grabada en 1970, que incluye algunas de sus canciones más conocidas: Natural, Jinete, Amor de primavera y La balsa, compuesta a dúo con Nebbia en los baños del bar La Perla en el barrio de Once.